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"En dirección al viento"

2012

Impresión sobre lino

112 x 168 cm

"En dirección al viento"

Escrito por Sofía Padilla

4to Semestre de

Literatura latinoamericana

La lobreguez del ocaso da la apariencia de que estás sola en la inmensidad terrenal, donde coexistes solo con la pequeña infinidad de insignificancias, alguna vez despreciadas por los desiertos consustanciales. Coriolis, recorres todos los días los mismos lugares, recuerdas cada uno de ellos como si se tratara del momento más importante de tu vida, los vuelves un vaivén de direcciones que siempre regresan al lugar inicial, ciclo sin fin que refleja el paso del tiempo y el rumbo de los vientos, que levanta recuerdos con cada rose del inmanente efluvio testigo de la vivacidad terrenal.
Coriolis, juegas con la dirección de las olas del mar, decides a tu paso qué tan lejos serán capaces de advenir y contra qué deberán colisionar, porque el tinte cobalto de la superficie juega de manera pasional con la arena dorada que atavía esa playa de matiz otoñal, en la que las texturas son el indiscutible atractivo primordial, porque un toque de esa adherente superficie cafesina permite recordar la inmensidad de la existencia; donde cada pluma que vuela por el aire, cada cicatriz causada por heridas que ahora parecen insignificantes o cada hoja caída de un árbol listo para descansar se vuelve un reflejo de la propia historia de la que no podemos escapar. Porque con cada centímetro avanzado, se adhiere una nueva estela a esta historia reflejada en la piel, que espera ansiosa a que pases nuevamente por el mismo lugar y en tu camino le permitas otra vez viajar pero, quizás esta vez, otra dirección tomar.


"En dirección al viento"

Written by Sofía Padilla

4th Semester of

Latin American Literature

The gloominess of dusk makes it seem like you are alone in the earthly immensity, where you coexist only with the small infinity of insignificances, once despised by the consubstantial deserts. Coriolis, you go through the same places every day, you remember each of them as if it were the most important moment of your life, you turn them into a back and forth of directions that always return to the starting point, an endless cycle that reflects the passage of time and the direction of the winds, which raises memories with each touch of the immanent effluvium witness of earthly vivacity.
Coriolis, you play with the direction of the sea waves, deciding at your pace how far they will be able to come and what they will have to collide against, because the cobalt tint of the surface plays passionately with the golden sand that adorns that beach with an autumnal hue, where textures are the undisputed main attraction, because a touch of that clinging coffee-colored surface allows us to remember the immensity of existence; where each feather that flies through the air, each scar caused by wounds that now seem insignificant, or each fallen leaf from a tree ready to rest becomes a reflection of our own history from which we cannot escape. Because with each centimeter we advance, a new trail is attached to this story reflected in the skin, which anxiously awaits for you to pass by the same place again and on your way allow it to travel again but, perhaps this time, take another direction.

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